Wendy Duffy, una mujer británica de 56 años sin enfermedades físicas, viajó a Suiza para someterse a un suicidio asistido luego de asegurar que no logró superar la muerte de su único hijo, ocurrida hace cuatro años en un accidente doméstico.
Su caso ha generado impacto internacional al tratarse de una persona físicamente sana que tomó esta decisión por sufrimiento emocional.
De acuerdo con la información disponible, el procedimiento se realizó en una clínica en Basilea, donde este tipo de práctica es legal.
Duffy había intentado previamente quitarse la vida y aseguró en distintas declaraciones que ninguna terapia o tratamiento logró devolverle el deseo de vivir, por lo que optó por un “final controlado”.
El caso ha reavivado el debate sobre la eutanasia en personas sin enfermedades terminales, mientras autoridades y especialistas analizan los alcances legales y éticos de este tipo de decisiones, en un contexto donde también se pone sobre la mesa la atención a la salud mental en casos de duelo.