Chema Armenta

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AL AIRE
Chema Armenta
Finalmente soy rico
Alcohólicos Anónimos tiene una gran frase: Mantenlo simple. La escuché años atrás en una de las juntas a las que asistí para entenderme y entender la enfermedad.
La premisa aún me auxilia en tiempos violentos, aguerridos, de luchas internas, cuando las aparentes complicaciones llegan con aparente urgencia. Ahí la saco del estuche y me defiendo ante el día difícil, y funciona.
La fui adhiriendo a mi interno con los años. Lo logré… solo por hoy. Me di cuenta también con los años que no necesitaba todo lo que pensé que necesitaba. El carro nuevo, la casa grande, la mujer más bella, el whisky fino, el reloj caro, las amistades adineradas, las marcas de prestigio sobre mi cuerpo, el lujo barato, ese que medio tapiza las inseguridades, los vacíos existenciales, el desconocimiento de uno mismo; yo los tuve, nunca me dieron lo que supuse me iban a dar.
Con los años uno se va dando cuenta (o no) que la riqueza verdadera es otra cosa, que está en otro lado. La verdadera riqueza es cuando se comienza a tener el control de uno mismo, de su mente, de sus emociones, cuando uno se pertenece, y deja de vivir por otros, para otros.
Ahora, con estos ojos nuevos que me hice, puedo decir que los verdaderos lujos han estado siempre ahí: una taza de café en la mañana después de un sueño de calidad, tener mis sentidos intactos, tener dinero para comprar un súper semanal, valerme por mí mismo, alegría en la profesión, se gane 10 mil o 100 mil, poder estar solo y en silencio, y no sentir soledad ni silencio, la dicha de acompañarme y disfrutar genuinamente de mi compañía, sea martes o sábado.
Durante décadas pensé que era un hombre pobre, no tenía conciencia. Hoy puedo ver que soy un hombre rico, siempre lo fui: mi cuerpo funciona, mi madre vive, mis ahijadas me inspiran y me regalaron la capacidad de amar sin condiciones, tengo cuatro pantalones y diez camisas, una cuenta de Netflix, otra de Spotify, de vez en cuando puedo pagar un vino decente con un filete New York, comprar casi cualquier libro, comprar casi cualquier “Funko”, y no le debo ni me debe nadie.
¿Acaso todo esto no está cercano a la autorrealización? No falta nada, no sobra nada, es suficiente lo que se tiene, son suficientes los que están.
Nos vendieron por riqueza y felicidad otras cosas: no es el estatus, es tu autopercepción, no son las propiedades, es pertenecerte, no es el dinero, es tener lo necesario, no es la familia perfecta, es el conocimiento de ti, no son los negocios, es a cuántos ayudas en tu nivel, no es que te acepten, es que te aceptes tú, no es la muerte, es cómo estás viviendo.
ÚLTIMO ALIENTO
Decía Diógenes: “Me da tanta felicidad y a la vez tanta gracia, ver cuántas cosas hay en el mercado que yo no necesito.”

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